lunes, 25 de abril de 2016

Postal con box




El primer fragmento de aquella carta comenzaba así:

Ojalá pudieras tocar mi rostro ahora. Aunque es verdad que en todo este tiempo nunca lo habrías sentido igual. ¿Verdad que los días en que dijimos que nuestros rostros serían suaves para siempre, se han ido, quizá igual que nuestras palabras de entonces? Y luego los dos callamos, como obviando que algo bueno saldría de nuestro silencio. Pero bueno, quizá al final, lo mejor era callarlo todo. No volver a hablar de esto jamás.

La pelea iba en el octavo round – Mi padre la estaba viendo desde el único sillón que tenía por sala y con una cerveza en la mano – Recuerdo que siempre había sido aficionado a ver el box, o quizá solo fuera que no encontraba mejor manera de pasar las noches de los domingos – Aunque mis padres se separaron cuando yo era un niño, siempre mantuve una buena relación con ambos – Ahora mi padre vivía solo, en una pensión ubicada frente a una oficina de Telecable – Yo estaba por cumplir los 29 – Eventualmente visitaba a mi padre en su cuarto de pensión, dos o tres veces por semana. Y en ocasiones me quedaba a dormir ahí – Yo le llevaba algo de despensa o le ayudaba con algún inconveniente doméstico – Aunque, pasa ese tipo de cosas, me decía que él sabía arreglárselas siempre solo – Por entonces él trabajaba como velador en una preparatoria – Los sábados eran sus días libres – En ese momento eran las diez y media de la noche cuando me llegó un mensaje de Lamat Alondra en el celular:
–Hey, no me has respondido lo que te pregunté el otro día.

La carta continuaba diciendo:

¿Recuerdas cuando estuvimos saliendo por una semana o dos y luego me diste un beso afuera de tu trabajo en esa vez que te visité por tu cumpleaños? Y en ese instante te pregunté por qué lo hacías, por qué me besabas, quería saber tus razones. Y tú solo me dijiste que me parecería ridícula tu respuesta, pero que era porque viste un poema como una estrella danzando en lo profundo de mi mirada. Por su puesto, al instante supe que esto no iba a ser duradero. Pero no quise romper el encanto de ese bonito momento. Dime ¿Todavía sueñas con ese poema danzando en lo profundo de mi mirada?

Sin darme mucha cuenta, la pelea pasaba entre comentarios de los conductores y  mensajes comerciales – Mientras que, al mismo tiempo, las palabras del mensaje de Lamat, aparecían lentamente por mi pensamiento (o más bien se iban filtrando gradualmente) y sostenía todavía el teléfono móvil en una mano – Recordé que había conocido a Lamat hace unas pocas semanas atrás y ya nos comunicábamos casi a diario por mensajes – También recordaba haberle comentado, al principio de conocernos, que me parecía una chica fuera de lo convencional y que no conocía a nadie que leyera tan vorazmente como ella – Las conversaciones con ella que teníamos también eran sustanciosas de manera que podíamos charlar mucho tiempo sobre un tema tanto creativo o literario o de un humor puramente de anecdotario – En esto mi padre pronunció algo como: “¡Ya se lo chingó!”, y me hizo volver por completo la atención a la pelea de box.   
El siguiente fragmento en la carta era:

Recuerdo que al otro día salimos a comer a una plaza comercial. Y mientras estábamos sentados en una mesa, comenzaste a recitar un poema en el que decía que no debíamos sentir pena por lo efímero de la belleza: “Que al final de lo único que podría uno sentir pena era que el corazón aprendiera despacio a lo que la ágil mente contempla al momento” o algo así.  Y me pareció tan conmovedora toda esa escena; aunque seguía pensando en que todo lo que podría darse entre nosotros sería algo fugaz, pero tampoco quise mencionártelo ahí. Decidí esperar a ver a dónde se dirigía toda esta situación. Todo este desarrollo de nuestros encuentros. Anticipaba siempre el fin, pero me daba curiosidad qué más podría darse.

De pronto uno de los boxeadores estaba en la lona y comienzan con la cuenta regresiva – Los conductores del televisor sonaban coléricos o emocionados, o quizá ambas cosas, y con el grito de uno de ellos  se daba por finalizada esa pelea – Estaba programada como una de las peleas estelares de esa noche y esta, en palabras de mi padre, había valido la pena aun cuando faltaban otras tres peleas más – Mi padre enseguida se levantó del sillón y se dirigió al refrigerador para sacar otra cerveza – Me ofreció una y se la acepté – Mientras los comentaristas del televisor seguían  detallando los últimos instantes de la pelea, mi padre desde su sillón dijo: “Creo que después de todo, uno no ve venir el desmadre – Es cierto – Ni se ve, ni se oye, ni se huele venir – Así como quizá yo nunca fui un buen poeta, ni narrador, ni nada que hubiera convencido a tu madre de que lo era – Bien tenía razón ella en que lo único que pensaba cuando escribía era en tratar de soportar la vida conmigo mismo – Y que puede que funcionara por un momento, al menos cuando lograba que hiciera sentir que estaba creando de verdad una obra – Pero en realidad, en la realidad más profunda e irrefutable, yo nunca fui ni poeta, ni narrador, ni nada; por más que así lo haya querido – Tu madre era así, bonita y perspicaz  – Ella se dio cuenta de eso antes que todos – Y me lo dijo una vez en una carta que aún conservo, quizá te interesaría leerla”.

La carta continuaba:

Bueno, aunque hace mucho que no lo hacía, me tomé la libertad de escribirte esta carta. Ya sabes que yo no soy alguien directa y hablar de algunas cosas personalmente me cuesta trabajo. No soy como tú, que todo lo que vives lo demuestras con tus palabras, con una poesía o una cita literaria. Tengo que confesarte que yo llegué algo tarde a la literatura y quizá por eso había ciertas cosas que no entendía y no entiendo de aquel entonces. Pero es como todo, creo que uno no ve venir el desmadre. Y no te culpo de lo que llegues a pensar de mí ahora. No sé si algún día vayas a escribir todo lo que me cuentas o a contar todo lo que te digo.

Entonces mi padre se levanta nuevamente de su sillón y se dirige a la habitación – En mi teléfono móvil oprimo la opción de responder el mensaje y pienso en cómo contestarle a Lamat Alondra – Retomo la última conversación que tuvimos y me viene a la mente aquella tarde de lluvia mientras caminábamos hacía una parada de autobús – Esa vez íbamos sin decirnos mucho, o quizá sintiendo que la lluvia nos decía ya muchas cosas – En esto estaba, cuando me llega otro mensaje de Lamat Alondra con la pregunta que debí haberle respondido desde ese día: “Sí fueras uno, ¿qué libro te gustaría ser?” – En esto mi padre regresa con la carta en su mano.

Espero que con este mensaje quede todo dicho. Aun no sé si tendré el hijo que estoy esperando. Aún tengo tiempo de tomar la decisión de no tenerlo. Aunque si lo tuviera,  y algún día platicaras con él respecto a todo esto, seguro que tomarás la decisión de decírselo en un momento pertinente. O de la manera más literaria que encuentres; eso ya corre por tu cuenta. Hasta siempre, “Poeta”. Con una despedida desde el fondo de la mirada.

La carta estaba escrita a puño y letra y firmada con el nombre de mi madre – Después de leerla se la regresé a mi padre y le pregunté si había sabido algo más de ella desde que se había ido a Querétaro – Me dijo que de vez en cuando se comunicaban por teléfono, pero que la última vez que se vieron fue en el aeropuerto de la ciudad dónde se despidieron y que fue cuando le entregó también la carta – Enseguida mi padre hizo una expresión impelida al recuerdo, que la luz del televisor y la obscuridad de la noche parecía traer directamente a su rostro – Así que opté por preguntarle: “Sí tu tuvieras oportunidad de ser uno, ¿qué libro te gustaría ser?” – Él caviló un momento y enseguida me dijo: “Me gustaría ser uno de esos libros que se ven extraños entre el montón de libros pero que siempre, cuando llegas a tomarlo, te surge como una sensación de vacío. Pero uno vacío generador igual al que se lleva dentro de cada uno; así que, instintivamente, el libro se llevara al lector sembrando semillas de conocimiento y creación hasta el final. Un final en el que se conjugue la gloria y la fe del cuerpo del hombre con la bondad profunda del alma. Ese libro me gustaría ser.”  – Después de eso pasamos el resto de la noche viendo las otras peleas de box, que ya no tuvieron la misma emoción que tuvo la primera – Antes de irse a dormir, mi padre me dijo que quedaban algunas cervezas todavía, por si se me antojaba otra durante la noche – Lo veo dirigiéndose a su habitación tambaleando un poco de ebriedad y con la carta empuñada en su mano izquierda – Como si se tratara de un boxeador que empuña sus guantes y se dirige hasta al fondo de los vestidores después de una pelea perdida solo por puntos – Solo había una palabra  que no todos los boxeadores mencionan después de bajarse del ring y esa palabra era “Poeta” y que quizá fue la que le pegaría más fuerte a mi padre de alguna u otra forma que ni yo ni nadie podría entender – Cuando me quedé a solas apagué el televisor recogí las botellas vacías de cerveza – Antes de dormirme, le escribí a Lamat Alondra mi respuesta con un mensaje por el teléfono móvil – Para cuando se lo envié ya eran casi las dos de la mañana.
  

Ella dijo algo relevante pero no se dio cuenta.


martes, 19 de abril de 2016

Ficciones con Soundtrack 13 – La Decadanse (Escuchando Island)






 «La matiz de la decadencia
ata nuestras almas y nuestros cuerpos
más que la muerte
»
-Serge Gainsbourg

“Primero que nada, debo decir que ya estoy viejo. Que nunca supe vivir rápido, ni morir lento. Ciego es el tiempo para mí.”
***
Amor, ¿acaso no era esta la época del año en la que los árboles llamados primavera echan flores de color rosa? –pregunta Dannai Varos mientras pasa caminando de la mano de su pareja– Hoy se ven muy secas y aun así sus ramas parece que no dejan de tener cierta cadencia natural.
***
Después de colgar la llamada, pienso de nuevo en lo que Stephanie me dijo poco después de presentarle a Dannai: “Todo es sugestivo, pero es mejor que no enloquezcas, cada hombre es una puerta a la locura misma. O hasta un ascensor a los infiernos. Más cuando se trata de deseos apasionados. Ahí quizá solo fuera que nuestros estados de rebeldía quieran decirnos algo más”. 
***

“He visto levantarse y derrumbarse olimpos que se manifiestan en medio de las urbes. He visto las ciudades del futuro roídas y utopías bailando encerradas en círculos construidos por los mismos hombres que buscan de forma zigzagueante la inmortalidad prometida. Pero, y sin saber de qué manera sucedió eso, en la misma tierra hay hombres que ya no se sienten temor a los dioses, ni a la muerte y la galopante soledad es ahora su más sólida y condensada fibra de vida. Para el hombre, el acto de pensar en sí mismo es lo primero que marcará su camino. Ciego es el tiempo. Callado el destino.”
***
…¿Y si la hubiera… si hubiera esa danza nacida de la tempestad que te convirtiera por dentro en trascendente o que, por lo menos, tu salto a la otra frontera fuera un proceso que se convirtiera en una regresión melódica que fuera placentera y eficaz para hacerte sentir lo suficientemente libre? -¿Me lo preguntas a mí, Stephanie?- le contesto -¿No fuiste tú la que alguna vez me dijo que todo es sugestivo y que es mejor que ninguno enloqueciera? Dejemos de lado lo que te dicen los fantasmas y dime, ¿Qué  me cuentas de Dannai? –Nada, le gusta leer mucho y escuchar música nada más. Mañana vamos a ir al parque a ver los árboles primavera.
 ***



viernes, 25 de marzo de 2016

Ficciones con Soundtrack 12 – Afect Amé (Escuchando Stoned Jesus)




"Cuando eres o te sientes lo suficientemente viejo o feo
para no querer verte ni al espejo,
se termina la vanidad
–y comienzan a importarte nuevas cosas– "

Guadalupe Pámanes.

¡Vamos, amigos!

A sal sabían las sombras. Y no entendía bien por qué. Sigo en este punto tumbado viendo lo que hay afuera del mundo. Las nubes como único cobijo. El dulzor del refugio de las tormentas. La batalla de nuestros propios cuerpos saliendo por nuestros pensamientos. Con los espíritus labriegos en campos abiertos y caminos largos; a veces con las nubes como único cobijo. Y bajo estas nubes las sombras que van dejando una brecha que quizá sí, quizá no sigan otros. A sal sabían las sombras. Y no entendía bien por qué.

Con los mundos que giran alrededor del viejo sol como en una noria y que van generando nubes para protegerse de su intenso resplandor. Existe un cúmulo incalculable de circunstancias que son poco vistas en nuestro entorno. El mundo puede llegar a ser una de ellas. Una teoría y la vida otra. Aunque la vida, siempre será otra. Todo es una realidad distinta. Con los mundos que giran alrededor del viejo sol.

Un minuto de silencio. Buscando en el tiempo a la mujer más infiel con el afecto más sincero. Necesito mi piel, es cierto, pero esta también pregunta por otra piel. También es cierto que cuando los besos se dejan llevar por los cuatro vientos o, digamos, por ese camino de lo fugaz, es cuando más afecta el afecto que tuvimos. Retorna el abrazo de la chica de ballet que sobre sus pies en puntas danza con la  sinfonía que encierra todos los sonidos de un pulso. Era mejor decir que no pensaba en mis bromas, que nunca le iba a decir que solía sonreír mucho mejor de lo que explicaba en mis textos, que un albur de pronto se podía convertir en motivo de silencio. Un minuto de silencio.

Afecto que afecta y se arrastra hasta al fondo de nuestra propia vida: Afect-Amé. No tenemos el nivel para medir lo infame de nuestro interior, pero si el de nuestro libre albedrío de sentir lo que queramos bajo un cúmulo incalculable de circunstancias que son poco vistas en nuestro entorno. Una realidad distinta a la tuya, a la mía, a la de muchos. Pero todos somos hechos y vistos. Tenemos las oportunidades y los fracasos. Y yo sigo en el suelo observando lo que hay afuera de este mundo y pensando en que quizá hubiera sido mejor que, cuando te despediste, hubieras dicho: “Ojalá y te mueras”, solo para saber que su despedida iba cargada de una cuántica eternidad. Ahora con tus pies de puntas danzando en un afecto que afecta y se arrastra la fondo de nuestra propia vida.

Vivir en una realidad muy cercana a la tuya, como los mundos que giran danzando alrededor del viejo sol. A sal sabían las sombras y no entendía bien por qué. Después de un minuto de silencio alguien más se acerca y me dice que debería pensar en que este es un buen mundo. El mundo es un arte chiquito, el arte más grande lo hace uno; le respondo. Quiero seguir… Me gusta pensar que este es otro mundo. Y lo quiero vivir ahora en una realidad muy cercana a la tuya.






lunes, 14 de marzo de 2016

Ficciones con Soundtrack 11 – También el deseo (Escuchando Soda Stereo)





A menudo solíamos hacer, de cualquier lugar, nuestros propios lugares de confesión. Y tender los señuelos, de nuestros propios demonios, observando el pacífico y sentarnos al lado de cada uno mientras el desvelo se nos iba con la marea. Él siempre me decía que era como si en este lugar no pasara nunca nada. Como si nunca imagináramos en el curso de las cosas. Y yo siempre le decía: -¡Espera! Solo espera un poco más. Hasta llegar al momento en que las emociones de nuestros rostros comiencen a delatarnos. Porque podemos esperar hasta que salga el sol.  

-Quizá los sueños de los grandes pensadores ya estén despiertos para cuando eso pase, Perla Sónica. -me dijo- ¿Para qué esperar tanto, estás pensando en acumular un gran núcleo del surgimiento de las emociones?­ -me preguntaba él

-No. Solo en ocasiones, vuelvo a retomar los escenarios que alguna vez nos conmovieron...-le dije.  
La última vez que lo vi, estaba sentado en la banca de un parque, cerca de mi casa. Estaba solo ahí; como esos ancianos que se sientan a esperar ver pasar su muerte o como el mariguano que se sienta a ver pasar su vida. Pero él, ni es un anciano, ni estaba drogado en ese momento.  O al menos eso me pareció a mí. 

Ese día me mostró aquél truco que se hace con un tubo de cartulina. El truco consistía en sostener el tubo enfrente de un ojo y tu mano a un lado del tubo. Al hacerlo, parecía como si tuvieras un agujero en medio de la palma de la mano. -¿Recuerdas este truco? -Me preguntó. Yo le contesté que no. Aunque era mentira. Quería que me contara la primera vez que me lo había enseñado en su casa, mientras ponía un disco de Soda Stereo y preparaba un café. Pero no me lo contó. En lugar de eso nos quedamos en la banca de ese parque hablando de los tropiezos y los caminos y los vacíos; sobre todo de nosotros mismos. 

Me parecía igual que una planta. O mejor dicho, igual que un árbol. Como en aquella historia de un árbol que crece en medio del bosque, fuerte y extraño; poco natural. Como un árbol que lleva un sol por dentro y entonces le pregunté: ¿De qué te sirve ser luz si no brillas?
Quizá en este lugar no hay demasiada obscuridad de momento -me respondió cruzándose de brazos y como viendo el vacío. -Las estrellas solo pueden verse cuando está el cielo obscuro. Aunque en realidad puede que ya ni se encuentren ahí al contemplarlas. Luz reciclada, es todo lo que vemos. Así como todo se recicla en el pensamiento. Todo lo que alguna vez viviste, ahí se revive de alguna u otra forma. Recreamos el primer beso y hasta el primer momento de impulsos emergidos de lo más profundo de nuestro cuerpo. Y se va acumulando capa por capa, hasta tomar una nueva forma. Así como se crean las perlas en el fondo de las ostras que viven en lo profundo del obscuro océano. ¿Ya conocías esa historia?

-Ya. - le dije y esta vez decía la verdad -Me has hablado de las emociones siempre que nos vemos.
- Si, pero no te olvides de los Deseos, Perla Sónica. -dijo y en ese momento volteo para verme de frente - ¿Cómo puedo hablarte de ellos hasta lograr sintonizar los tuyos con los propios desde este momento?

-¡Espera! -dije yo -Solo espera un poco más. Puede que el momento en que las emociones de nuestros rostros comiencen a delatarnos. Necesito saber que somos cómplices para convertir estas dudas en razón. Las preguntas correctas siempre son el factor importante. El cerebro es una máquina de respuestas.  


Imagen: Carmen Jazmín Rios

Ficciones con Soundtrack 10 – Latido de danza. (Escuchando Nick Cave & the bad seeds)






Querida Bruja...

Te recuerdo en una página vestida de púrpura y negro mientras pasabas vislumbrando las líneas del viento; cuando los ángeles visionarios aterrizaban sobre las baldosas de blancas ternuras, ahí entendí que las historias regresan de manera… fffffftsss

…Instantánea. Antes fue un poema, como una estrella que danzaba en tu mirada. Un destello que salía quizá de lo más profundo de una esquina de tus iras y rebeldías. Pero que iban cargadas de un impulso evolutivo que revelaba todo un sentido. Un aprendizaje y una forma de latidos recónditos. Un sentimiento fuerte encerrado en movimientos sutiles; igual que muchos sueños. Esos viejos sueños atravesando nuestro pensamiento a bordo de viejas naves. Siempre cargadas con algo parecido a la esperanza, la danza de las estrellas. O quizá la danza que corresponden a dos cuerpos que se encuentran para saberse de nuevo en medio de una realidad. 14 de agosto con las sensaciones de un resplandor lunar sobre nuestras espaldas. Una realidad con racimos de símbolos seductores colgados los letreros comerciales de las avenidas. Símbolos que nos ven con ojos familiares. Y también, posiblemente, una realidad que nos deja pasar al show sin pedirnos entrada. Una realidad que me sorprende escribiendo sobre otra realidad, otra realidad, otra realidad... fffffftsss

…Instantánea. Sin preguntarme por qué o para qué, simplemente atento a los encuentros de esos cuerpos crueles o dulces. Que se desarman en medio de latidos desconocidos. Pero mientras tanto, si me pregunto: ¿Cómo seguirán, el día de mañana, los sueños su viaje? ¿Será acaso atravesando miradas y símbolos? ¿Atravesando horizontes en un cara a cara con los muchos significados de algo que, probablemente, tenga uno solo? En tu campiña disfrutamos de un vaso de ron y coca cola con tres gotas de limón y una pizca de sal. Que igual y siempre dijimos que esto era un juego ocioso, pero en ocasiones toda la vida parece salido de algo así. ¿Dónde el gran poema? Haciendo una revisión final del balance, es probable que todo esté en las preguntas. Aquellas que me cuestionan acerca de las cosas que más me intriga de ti. Y yo menciono que podrían ser las líneas de los vientos y las lunas de Octubre. Las palabras describiendo emociones poco domesticas.

Un desconcierto y te conviertes en una “chica migraña”. Las propuestas terminadas con un Mein Herr y con un Mademoiselle. La canción que termina llena de ira desconocida y febril. Los abrazos que nacen en medio de las dudas. Unas manos cada vez más tristes cuando no están entre unas manos cómo las tuyas. Los nombres que blasfeman las paredes de los baños. Los coloquios convenidos debajo de la lluvia. Los dioses que juegan a que son mortales cuando piensan en la eternidad. Las apariciones sorpresivas de las regresiones de sus almas. La actividad paranormal en medio de la discrepancia. El aliento de los perros de tus sueños atravesando en modo de caza. Las visiones de los riscos con una mujer que se parece a ti, corriendo delante de todos y desesperada se da cuenta de que no puede saltar porque le tiene fobia al agua. Los ratos infernalmente deliciosos dentro de una comedia universal. La forma en que lees como si fuera tu combustible para arder cada noche y florecer cada mañana. Inteligencia y curiosas almas en desgracia. Las historias de los amantes de nuestras vidas pasadas; narraciones que se desenvuelven con un personaje fuera de lo convencional, pero que a la vez te enseña que la vida es por fuera sencilla &… fffffftsss

…Instantánea. Te etiqueto en una de esas fotografías dónde aparece la estrella o Lamat de tu firma galáctica, tan luz, tan arcoíris, tan escamas de luna. La parte inesperada de tu frente y mi frente juntas. El 04 de julio con sorpresas equitativas. La ternura desenmarañada y la terquedad de mi voluntad. Sé que protesto, sé que andan diciendo que la pasión es otra forma de buena locura. Las postales, los autorretratos, los libros recomendados. Los últimos besos que siempre saben cómo los primeros. Las bachichas de cigarros, en la puerta de mi casa, como rastros de tu presencia. Con el tiempo ese lugar se ha llenado de florecillas que las abejas iban polinizando en el verano. Los despojos: una cara de luna obedeciendo las leyendas que los demás escriben sobre el esmalte del humo de los alientos cercados por un golpe que se vuelven marcas en mí de un día a otro y de forma... fffffftsss

…Instantánea. Y tú ahora vuelves a la escena, iracunda, con una molesta incomodidad y mal disimulada, por eso el apodo de “chica migraña”. Todas las pulsaciones y los latidos de danza de nuestras zonas de chill out con Converses y Kraken black spiced. Los contratos firmados en piedra con fechas de caducidad. Las lluvias lavan las calles pero no los deseos. Yo, por lo pronto, aguardando en la calle del jubileo con un poema danzando en tu mirada, como una estrella que pasa atravesando los cielos internos de manera… fffffftsss.

lunes, 15 de febrero de 2016

Ficciones con Soundtrack 09 – Hoy. (Escuchando Scott Walker)


                                                                                                                               Except when it began
 I was so happy I didn't feel like me.
 
-Scott Walker

01. Seducción, detrás de los secretos. Caminar dando vueltas por el centro de la ciudad hasta la madrugada. De parque en plaza y de puesto en puesto. Tania Volpez me acompaña, o yo la acompaño a ella. Seducción, ¿cómo pretender acercarme a tu generación? 

02. Ahora solo quedan esos tres cuadernos: uno de rayas y los otros dos de dibujo. Los tres están llenos de tus garabatos y otras cosas de ti que se quedaron secretamente guardados. No sé si me doy a entender al decir que siempre pensé en que eres una persona con la posición para convertirte en un maestro de la vida, pero que aún no está fundada tu escuela. 

03. Solo cuando has tenido un contacto tan cercano con alguien, cuando llegas a conocer ese lado tan íntimo de la persona, es que se logran descifrar los gestos más triviales. En medio de la noche, por un rumbo que ya habíamos pasado anteriormente, ella propuso sentarnos en unas escalinatas poco iluminadas. 

04. Alguna vez Tania Volpez condujo su Aprio por un sendero nocturno hasta llegar a la desembocadura de un río. El nombre del río me lo dijo, pero ahora no lo recuerdo. Las luces del auto eran lo único que iluminaban esa noche cerrada. Entonces sacó de la cajuela de su auto una caja llena de cosas y las dejó en el suelo. En una esquina del parabrisas trasero hay una calcomanía pegada que dice: “On your own again” Himno de nuestra generación. Tanía Volpez arrastra la caja hasta un lugar seguro y seco. Toma un bote de aceite y fósforos, y procedió a prenderle fuego. El calor, y la escena en ese momento, la hicieron sentir muy bien. 

05. En esas horas recorridas por los rincones de la casa, en la que ya no te asomas y en la que se quedó un aire suspendido. Antes pasamos horas tirados en ese piso dónde ahora se acumula el polvo. Los momentos trascendentales, pasan desapercibidos en el instante en que ocurren. Uno de tus abrigos que me obsequiaste para cubrir la mayoría de mis palabras frías. Una habitación que nunca se sintió igual sin ti y tus noticias que llegaban de las calles cuando ya no estabas aquí. Aun así aun pude escribir la carta de amor más sincera que nunca antes creí que le escribiría a alguien. ¿Cómo cambiar la dulce atención? 

06. Ninguna palabra es inocente; antes creía saberlo mejor ¿No sabes que ahora soy como el hombre más vacío del mundo? Me veo en uno de los reflejos de la casa y sonrío. Tratando de imaginar que te veo detrás de mí. Enseguida pongo un disco que a ambos nos gustaba. Me siento más joven y vigoroso pensando que estás conmigo. ¿Cómo escribir la historia que englobe una relación así después de lo que pasó? Todo en lo que antes creía ya no existe, todo en lo que creo ahora tampoco. 

07. Tania Volpez toma una piedra y la arroja a la mitad del cauce del río tratando de calcular, con el sonido de la piedra al caer, la profundidad de este. Una voz detrás de ella la hizo voltear… “¡Ah, eres tú!”, exclamó. 

08. Seducción en desvelo de las compañías. En las escalinatas me dijiste que siempre amabas de manera instintiva. Que tu forma golpeada de decir las cosas era tu especialidad. Que no te gustan los abrazos ni las mordidas. Que lo mejor es saber lo que uno quiere, para que el otro sepa como complacer en la cama y que “solo cuando has tenido un contacto tan íntimo con alguien, cuando llegas a conocer un lado tan profundo de la persona, es que se logran descifrar sus gestos más triviales”. 

09. Dejando de lado lo significativo de las fechas, todo parece en su momento iluminado como en el plató de una película: gran angular, primer plano, instantáneas, enfoques, detalles nítidos, intensidad, imágenes, imágenes, imágenes... 

10. Me dirijo a la cocina y preparo ese platillo de pasta que muchas veces preparamos juntos. Brindo con una copa de vino al lado de tu fotografía. Veo uno de nuestros videos que grabé con el viejo celular en un concierto y en el que nos veíamos jóvenes, extasiados y sonrientes. Le vuelvo a dar play mientras recojo la mesa y de fondo se alcanza a escuchar tu voz coreando una de las canciones. Lo que mi ojos me dicen al tratar de recordar hace cuánto tiempo fue; mi corazón lo traduce diciendo que no pareciera que fue hace tanto. 

11. En la ausencia aún se puede ver una chispa que es muy pequeña para darnos calor, pero nos deja con la expectativa de convertirse en una hoguera. De pronto me surge esa sensación sardónica que no me abandona nunca y que casi nadie entiende, pero que en más de una ocasión me ha salvado de morir asfixiado por mis propios pensamientos. Y es algo que, bajo algunas circunstancias serias, tampoco casi nadie puede hacer. Tres cuadernos sobre la cama. Hoy los hojeo y al final de uno de ellos me encuentro una nota doblada de manera secreta “Tu carta la he quemado hoy”. 

12. Seducción, detrás de los secretos. Caminar de nuevo por la pieza de tu corazón y terminar dando vueltas por el centro de la ciudad hasta la madrugada, cuando todo se apuesta y nada se gana. Puede que hayamos sido jóvenes y valientes. Puede que lo más preocupante sea siempre perder lo segundo. Puede que envejecer no tenga nada que ver con ganar o perder; sino más bien en volver a amar.