lunes, 15 de febrero de 2016

Ficciones con Soundtrack 08 – Breve sinfonía del hombre simultaneo. (Escuchando Royal Thunder)



Introitus (La entrada): En efecto, cuando llegaste, la habitación era otra, la mujer era otra, los tiempos de las tardes peregrinas también eran otros. Pero al final la sinfonía, ¡Oh sorpresa!, seguía siendo la misma para ti. El día comenzaba igual. Una sinfonía que llegaba de manera simultánea a la vida para alterar lo que sentías. Y saliste de ahí pensando en los últimos caminos de la verdad que cualquiera transita. Me sorprendo de cómo es el corazón humano de raro que, aun después de pasar por (aparentemente) las mismas añoranzas o adversidades, funciona éste de forma tan distinta ante cada una. La habitación, la mujer y los tiempos incluidos en una reminiscencia editada, ¿No es cierto? Yo soy la definición del hombre simultáneo. Soy el que desde hace tiempo te buscaba, pero en realidad fuiste tú el que llegaste a mí en busca de una especie de eternidad. “Yeah, I'm fan of chaos”.

Allegro (Pero no demasiado): Aquí es negro todo lo que antes era azul. Buscar casa, conseguir tarjeta de crédito, un refrigerador, lavadora, ropa deportiva, un auto, un perro... Puedo contarte que un tipo que ya estaba loco, al poco rato de estar aquí, se dio tiempo para reflexionar acerca de que el tiempo no lo hace más loco; solo lo hace más viejo. Ahora mismo te atiendo y comenzamos el viaje, camarada. 

Recuerdo que aquella mañana le pregunté a Peregrina si pensaba que había lugar para los viejos locos en este mundo, ella me respondió que había un lugar para todos.  
–Más bien el loco eres tú –dijo ella.
–No, más bien yo soy el que anda cuerdo pero siempre me junto con gente que está loca–dije yo.
–Bueno, es que así es como uno encuentra también las aventuras –dijo ella.
–No, más bien yo soy el hombre simultáneo–
– ¿Y qué es eso?  –dijo ella  
El tiempo de las tardes peregrinas que me sirvieron para aprender que el propósito de lo desmedido es la clase y el prestigio. Entre más se pueda hacer algo desmedido, algo fuera de los parámetros de la cordura y que salgas inmune de las consecuencias de responsabilidad, eso es lo que da prestigio. Agrégale a eso que para demostrarlo debes conservar las pruebas y una de las más utilizadas al día de hoy es la imagen. El sentido de la vista expuesto a la más alta sofisticación. Para cuando me doy cuenta de que esto ha llegado al grado de la enfermedad, ya es incorruptible.
– No sé, ¿Y si me la chupas en el balcón, Peregrina?
– Esta bien, y me tomas una foto para instagram; pero no me pongas las manos en la cabeza ¡eh! Que eso me molesta.

Scherzo (la broma detallada): To, to, to, todo puede llegar a ser tomado por literal. El temporal de una mañana lluviosa de un domingo hasta llegar a una noche tibia de un febrero entre su cuerpo. Detrás de las ventanas se ven personas reconociendose por la bondad que ejercen. Hace falta más que una fuerte lluvia para lavar el sentido del gusto. Tru, tru, tru truena un trueno y la tormenta se escucha cerca. Solo necesito de un poco de aliento para resistir este vendaval. Y lo encontraba de nuevo entre los contornos de la piel y los vacíos de conmoción de Peregrina. Un placer que no era más que la vibración del universo provocando un eco salvaje del pulso que mi cuerpo emitía en ese momento erigido como perfecto. Ho, ho, ho, hoy no deja de ser uno de esos días extraños en el que el terror es cultivado para cosecharlo en el futuro. Toda acción tiene un juez de reacción. Ti, ti, ti, tiempos de auroras que se cuelan desde una habitación. Tiempos de tardes pe, pe, Peregrinas. Al final no queda aliento para algo más que este invierno de un viaje atemporal.

 Sequentia (Continuación): En las mentiras, la realidad cuenta su realidad y este hombre simultáneo la interpreta avanzando a lo largo de sus caminos plagados de sacudidas y ¡Oh sorpresa!, la mísma sinfonía. En las mentiras, ahí esta su razón. Su máquina del tiempo que me trajo hasta aquí con los garbos y designios de su elocuencia que no eran para nada atractivas, pero eran verdad. En efecto: he conocido a la gente que me ha dicho en todo lo que debo ser mejor.

“Toma el dinero del trabajo que te has conseguido y compra algo para trabajar. Recuerda hablarles de usted a los extranjeros para que te suelten buenas propinas. Las mentiras usan minifaldas, las verdades aunque las usen tienen el culo plano”

–Yo no tuve que hacer eso. Porque la familia que me apadrinó sabe que soy como la hija que no tuvieron –dijo Peregrina –Mi prestigio consiste en darme el lujo de darte, de nuevo, una oportunidad. Yo te voy a dar las partituras de una sinfonía y tú las interpretarás a como el cielo y el infierno te den a entender.

Así es cómo se fue desfragmentado el sentido. El hombre simultaneo me ha dicho que el camino que todos siguen aquí tiene un lema muy conocido: C'est la vie. En esta temporada estoy aprendiendo además a lanzar lineas que se escriben para ojos que pasan de mi. Para ojos muertos. Y conduciendo a través de esas palabras hasta encontrar las que bien debí haber dicho. Yo sabía que estaba equivocado, pero ya es muy tarde para estar arrepentido. 

Adagio (Fuera de algunas minucias): Todos defienden su idea de sociedad. Excepto yo, que soy el hombre simultáneo, porque no necesito idealizar quien puede venir a mi. Todos llegan en su momento. Duermo mis horas completas y despierto fresco cada mañana. Cuando estan frente a mí, basta con presentarme como ahora lo hago contigo y enseguida comenzamos con el paseo. Te notifico que tampoco hay horario de entradas y salidas, sino solo órdenes inusuales. Pero antes hagamos un brindis: Por el contacto con aquellas tinieblas que, en algunos tiempos, cubrían a una multitud de hombres. Solo en algo si te voy a ayudar: yo no voy a dejar que vean el miedo en tus ojos cuando se vayan acercando a ti; ya es una ventaja, no digas que no.

Recitative (Han concluido durante un tiempo los recuerdos): ¿Confías en ti mismo caminando a través de todo este tiempo que has perdido? Mantenme informado. El sentido haciéndose pedazos. Ya no hay mucho que contar. Y si lo hay, hay muy pocas formas de contarlas. Pienso que la única que todavía me parece pertinente es la de una ficción propia. De hecho la ficción parece ser capaz de soportarlo todo. Incluso en los estados más extremos del cuerpo y los pensamientos. Me sorprendo de cómo es el corazón humano de raro que, aun después de pasar por (aparentemente) las mismas añoranzas o adversidades, funciona éste de forma tan distinta ante cada una. Cuando en el espacio dónde solías anidar sueños estando vivo, cuelguen solo los vacíos de una cuenca estando muerto. Mi forma lenta de regresar a casa de Peregrina en busca de sus manos llenas de placer y sus contornos y sus vacíos de conmoción; dónde antes escuché la sinfonía que me conmovió y que solo me puso a reflexionar, pero no me dejó contento, porque siempre su música es también la preferida del hombre simultaneo. ¡Oh sorpresa! ¡Oh placer! Un placer que no era más que la vibración del universo provocando un eco salvaje del pulso que mi cuerpo emitía en ese momento.

En efecto, la habitación es otra, la mujer puede ser otra, los tiempos de las tardes peregrinas; pero la sinfonía seguirá siendo la misma. Soy el que desde hace tiempo te buscaba, pero en realidad fuiste tú el que llegaste a mí en busca de una especie de eternidad. Yo soy el hombre simultáneo. “Yeah, I'm fan of chaos”.  

Ficciones con soundtrack 07 – Bebiendo vino con Dios. (Escuchando Black Rebel Motorcycle Club)




Luis Barredo, bebiendo cerveza, una tarde en la colonia La Floresta, diciéndome: –A los 17 tenía la creencia de que, si escuchabas la canción adecuada en medio de una emoción adversa, podía evocarte las reflexiones más sanadoras. Espero que eso sirva diez años después (pone play al disco y se enciende un cigarro).


Alizeth Cortés, bebiendo Ron en la playa, una noche con amigos: –Cuando fui a Saltillo me bajé del camión con ropa veraniega, sabes, shorts y playera y emputiza me metió mi hermana al auto de nuevo y me dijo: No puedes salir así, esa no es ropa para andar por aquí. La verdad no entendía. Pero luego me explico que era por seguridad. ¿Qué?, si me voy a ir para allá en un tiempo con mi hermana. Quizá encuentre un buen trabajo y por ahora estoy en eso. Ya no tengo novio ni nada que me haga estar en esta ciudad. Mi único inconveniente por ahora es comprarme más ropa.

Salvador Paradis, publicista, escribiendo un mensaje por whatsapp y bebiendo un Gin Tonic en el lobby del Hotel Grand Luxxe de Nuevo Vallarta: En sí, fue una corta despedida para una distancia tan larga. Y, como siempre, no esperaba ese grandioso encuentro. Gracias por tu compañía y tus palabras y tus besos. Me encantó escuchar tus frases de cariño y deseo. Ahora sé que tan solo hay que esperar los días y verlos pasar como pasan las actuaciones de las demás personas frente a mí. La gente siempre es la misma. Ojalá no tengamos que volver a vernos. (Su mensaje fue visto a las 23.00 horas y no fue respondido).

Lars Greig, en su departamento por Olas Altas, bebiendo Whisky con un socio de su empresa de entretenimiento: –Una parte de ti se está terminando. Una parte de ti se aferra. Para ti es como si se pudiera ocultar todo en un mundo de palabras. Pero a veces confías de más en las personas, inconscientemente. Y esperas que te digan algo de cierta forma, cuando en realidad tan solo te enamoras de una “sensación dulce”. 

Lamat Alondra, bebiendo una lata de “New Mix” con un amigo en el Parque Hidalgo: –Creo que es normal que no puedas dormir. Yo estaba igual en cierto momento y era por pensar en la autodestrucción en mi estado de crisis. Ya de por sí, el ser es totalmente indefinible porque, como bien dicen los estudios, solamente tienen la comprensión más mínima. Y por ende el concepto del ser es analógico. El cuerpo es el principio de la individualización pero no por eso debes pensar que no hay nada después de morirse, aunque eso no lo piensas cuando estas con las ganas de salir a la calle y que te atropelle un auto. Mira, mejor ya déjate de puñeteces y dime por qué crees que te has vuelto más hostil. Debe ser algo emocional.

Josué Fernández, estudiante, bebiendo Vodka, en Sayulita, el solo: Ella me enseño que del amor nace la vista (cuando usualmente es lo contrario). Y yo no supe ver bien… por estar cegado. En ocasiones, hay que cerrar los ojos al mundo para abrir y ampliar la visión a través de los sueños. Pero quisiera que me buscara y me dijera al menos que, esta vez, no solo me quedaré observando toda la noche el mar.

Despertando un domingo cualquiera: Anoche llegué a las 4 a.m. No me canso de escribirte. De invocarte. De soñar en tus brazos y de dormir pensándote. Aun detrás de las emociones, con las prisas del mundo por autodestruirse. El siglo de la vida que cargo en mi genética plagado con la misma incertidumbre y creación. Somos, un poco, dioses y, un poco, bacterias. No hay manera fácil de cruzar un camino difícil. Pero vamos adelante, especie creadora de la inmortalidad. La canción era la adecuada para seguir bebiendo vino con Dios y brindando a lo alto por la gracia divina de los demás. Ahora sí que todo el mundo tiene su grado de desaparición, disolvencia, olvido. 

Ficciones con soundtrack 06 – El caos que nos queda. (Escuchando Evil Genuis Soundsystem)


Despierta y en el sillón había un caos íntimo.

Levantarse y bañarse, darle nuevos aires a las viejas incertidumbres, reemplazar olvidos para contar con los días que se han ido ganando. “Sólo has estado dos días en aquella ciudad, tú qué sabes de incertidumbres”, me dice de manera irrebatible. Con su mano derecha enfila un poco de polvo para darse una nueva vida. “Conoces el veneno de los dioses, querida” le digo. “El tiempo es uno de esos dioses y si sabes quién soy yo no deberías mencionármelo ahora”, me dice.

Despierta… entumecimientos que corren por el talento de tus brazos y de tus piernas, arrojados a otros cuerpos y a otras mañanas de ciudades desconocidas y revueltas por otras tormentas de dulzura.
Levantarse… Ponerse los calzoncitos, sacar la basura para que, al llegar a la esquina, el vecino te reclame que el camión ya ha pasado y que mejor te regreses con las bolsas a la casa por limpieza y por cortesía; pero tú –más el coraje que se forma en tus mejillas– se las avientas en el espacio que tiene en su patio por aljibe. Regresas y haces ejercicios matinales: sentadillas, lagartijas, abdominales y dices que nunca llegas a una figura medianamente respetable para ti o en esta vida.

Despierta… y elige el verdadero fantasma que no te deja dormir y pregúntame “¿Quién eres?”, cuando quieras saberlo en medio de la noche adivina. Y reímos a la mañana siguiente hablando de nuestros sueños, para tratar de llenar tu corazón otra vez (algún día deberías probar con ácido, amor). Los días están llenos de dolor como antes también lo estuvieron. Solo que ahora son, quizá, más profundos.

Levantarse y dar con los mismos personajes incendiarios de los vacíos. Para mí, los mismos, defectos que me han hecho perder de nuevo un par piernas. Una explicación cansada y elevada de que ya no es necesaria una nueva visita. Luego las escenas de ella parada desnuda frente al espejo mientras cambia de parecer. Con la maestría y sutileza de un ejecutor profesional que deja el rastro de su perfume flotando en medio de la habitación en una noche de Enero.

Despierta… déjame enseñarte una canción que hice con palabras de cenizas de la luna. Cuando la quemo tantas veces tratando de llegar hasta tus piernas y deslizarme hasta el mismo tiempo en el que te volviste valiente y fue tan extraño, insano o devastador. Las escenas de una familia bailando en el reflejo que produce la iridiscencia de algunos de los químicos.

Levantarse… Los gritos sin ceremonias. Los audífonos en el lugar de una de mis historias mientras mi alma está hecha un caracol por el suelo sin ganas de jugar –El juego de tus gemidos en la obscuridad– Sin luz eléctrica porque se me olvidó pagar, otra vez, el recibo. Otra vez sin guion, otra vez la tarde, otra vez en el último escalón. En cierto día de la vida la realidad vuelve a su origen y te da como algo; como un juicio en el sudor, en la sangre, en la carne… en la noticia que emana de la conciencia de los desvelos, los sonidos de la calle. La imaginación es el límite, pero la inconsciencia es el desborde.

Despierta… ¡Vamos! Es hora de hablar de que me gusta el lema que dices y que viste con el traje nuevo a todas las almas de nuestro plano. “Nos volveremos a encontrar, mi querido salvaje”, con las escenas mezcladas de belleza y realidad y hasta el honorable desenlace de lo que existió de nosotros. Irreal.

Levantarse con el narcocorrido del taller de Don Jaime que habla de un dios llamado Dinero y un demonio llamado Olvido. La ventana que me alivia. Mi vecina de arriba corriendo en tacones. Sin razón alguna, en ese momento pierdo el habla. Yo que no salgo de las fronteras de mis delirios cuando no estás conmigo. Sonidos de libertad otra vez con estrellas, con canciones; con intimidad entre nubes de arena. Levantarse para ir otra vez allá y otra vez a la normalidad de antes. Bien se disimula lo que por dentro llevas.

Esta mañana ella se fue. Despierto y en el sillón había un caos que representaba lo que llegamos a tener de íntimo.

martes, 12 de enero de 2016

Ficciones con soundtrack 05 – Viajes ligeros. (Escuchando Reptile Youth)


Las imperfecciones por lo general se repasan,
las recordamos en el espejo a diario.

J. Plata
Si, la noche había cumplido con su deber. O al menos, para Vreni, se había cumplido ya. “¿Cuántas veces puede acostarse alguien con un amante y prometer que será la última?” dijo ella sentada en la sala de su departamento con una taza de café en las manos. Hacía el frío de un invierno que se da en Puerto Vallarta a las seis de la mañana en un domingo.

Aquella misma noche, Vreni me preguntaba por teléfono si yo alguna vez había perdido de verdad a una mujer… “No sé por qué me lo preguntas, pero si he perdido a más de una” le contesté. “Es que yo no siento que haya perdido antes a un hombre, pero aun así hay ocasiones en que pensar en eso me hace sentir extraña” dijo ella. Luego le expliqué que los restos de sus historias siempre me demostraban que existen tantos modos de terminar una relación.

Las historias siempre serán una manera de resumir el tiempo. Aunque definitivamente uno nunca pueda detenerlo. Tras cada paso, cada frase, cada emoción y, por qué no decirlo, tras cada fracaso se esconde un destello de tiempo abreviado para formar con ella una hoguera de nuevas historias. Específicamente con Vreni las etapas de su vida eran marcadas por el final de sus relaciones; o eso es lo que pensaba ella.

Vreni me dijo que se sentía un poco rara algunas tardes y por las noches no podía estar en paz porque los ojos se le llenaban de historias. Historias que no pueden ser conocidas por nadie más, pero que están ardiendo en sus pupilas en medio de la obscuridad como dos hogueras tentando la mortalidad. En ocasiones en la soledad de su cama, pero en otras aunque estuviera acompañada, la realidad le marcaba. Realidades que suelen llevarnos al margen con una máscara hecha de espejos y con esta máscara la paz no siempre están de tu lado.

Al momento me estarla escuchando contándome todo eso a través de la línea telefónica, me di cuenta de cómo, cada vez que se cuenta algo, la gente tiene un don para hacer de las cosas un caos natural; un don para cambiar el orden de las ideas tanto fuera como dentro de sí. Y la historia ya no solo es de quien la vive… sino también de quien la interpreta.

“Te la pasas diciendo que será la última vez, pero justo es lo que siempre buscas ¿No te has dado cuenta de que los juegos del amor son tan absurdos como adictivos?” decía ella “Los horrores pueden enfrentarse, pero los errores son los que por dentro queman.”

Para Vreni los ligues, como los viajes, eran otra forma de aventura y regularmente cuando dos personas se meten en una habitación y cierran la puerta tras de sí, se abren nuevos ciclos. Nuevos modos de hacer cosas que te hagan resistir hasta un próximo destino. Pero siempre llegas al mismo punto… se busca llegar al mismo punto. Según interpretaba yo, aquí lo más importante es el viaje no el destino. “Exacto” dijo ella “Cuanto más disfrutas de todo eso, es lo que yo llamo Ligues Mayores. Tú más que nadie sabe que esta vida está llena de dulces compañeros y de muchas otras noches satisfactorias. De todos modos hay tantos modos de fracasar en las relaciones. Creo que ahora ya lo entendí. Quizá aquí la moraleja sea: Viaja ligero, que al final llegarás a dónde mismo.”


Cuando colgamos eran casi las seis de la mañana. Si, la noche había ya cumplido con su deber. 

Ficciones con soundtrack 04 – Una metáfora chiquita (Escuchando Matthieu Chedid)

Si la escuchabas tocar atentamente hasta podías escuchar el futuro. Pero no se trataba de un futuro muy lejano, sino una especie de suspiro del futuro, un advenimiento que nacía desde el rincón menos explorado de la existencia por cualquiera de nosotros y que te conmocionaba. Ya que, como todo ser con algo de sentido común, vivimos –generalmente– a la expectativa del mañana y eso exactamente provocaba. Un suspiro del futuro… algo que puede llegar a ser un gran estruendo, si tu vida es un silencioso pasillo.

Y en medio de esa sensación embelesada podía sentir que aun caminábamos juntos por esa ciudad que parece que retienes en tu memoria como un delirio de juventud. Por aquellas calles Septembrinas dónde se encuentra aún esa pensión llamada “Síncopa de la Costa”, y en la que, con movimientos lentos de tus manos, se internó una vez la noche detrás de tu cuerpo intrigado. Y solo mencionaste una alegoría acerca del corazón y del futuro, combinada con una razón para vivir –Mi vida, ¿me quieres?– preguntaste. Y yo ya te quería desde antes; con la cadencia, más certera aun, de que hasta nuestra muerte matizaba ya en la belleza de lo culto.

Sobre ceremonias recurrentes incluimos los gestos de las sonrisas y entre pasadizos de obras apasionantes teñimos nuestras huellas. Hablaste sobre leyendas de amantes históricos a los que se les podrían componer poderosas y encantadoras melodías; dignas de Orfeo y Eurídice. –Para poder atravesar hasta los más oscuros infiernos de esta y de la otra vida– dijiste entonces. Yo te pedí que compusieras una melodía en ese mismo instante para pretender transportarnos sin movernos del lugar. Me senté junto a ella en la cumbre de unas rocas. –Mientras yo coreo, tú compones una metáfora chiquita– Lo único que importaba era el tono perfecto, la última nota y las metáforas vividas. Más después, como debe sucederles a todos los seres semidivinos –igual que Orfeo– ella se enamoró y volvió a su posición humana. Dónde el amor es tan efímero que solo sirve para vivirse o para morir. Pero no para regresar las almas encerradas en los infiernos a la vida. En ese instante compuse:

Perdurable melodía internada en una metáfora de esta obscuridad…
Suspira una vez más.
Tu mirada que ha vuelto a ver hacia atrás.

viernes, 1 de enero de 2016

Ficciones con Soundtrack: 03 – Transforma mi mente (Escuchando Mr. Gnome)

en la Naturaleza de la memoria Ondeamos,
en el Recuento de las Anécdotas vivimos..
Dic. 2015

En esta vida estamos hechos de polvo de estrellas, en la siguiente quizá de vibración y luz; dónde la música será el equivalente a hacer el amor; y las estrellas: partículas para ser feliz. – “Escúchame…” dijo ella. En realidad la había escuchado desde mucho tiempo antes; pero no sabía que responderle y eso lo tomaba como un gesto grosero que salía de mí.

A ella le gustaba leer. Leer mucho de noche, charlar mucho de día. – “Ven a transformar mi mente, en forma de una madriza”, le dije una vez; o recuerdo vagamente habérselo dicho. Lo que sí, es que lo hizo ella a su modo y cuando menos lo esperaba. – “Careces de empatía emocional”, me consta que dijo. Las intenciones de crecer con la distancia, sobre todo cuando en la sangre se llevan secuelas, cuando en el estómago se llevan secuelas, pero (y sin aparentar otro ser humano) cuando en el sentido del oído se llevan secuelas; es decir, cuando una sinfonía constante que actúa de manera envolvente y descarnada, no te deja. En alemán, a un acto así le llaman ohrwurm, que, en sentido figurado, es como un gusano de oído.

Esta vez parecía no haber salida. Ella llevaba el sentido en una masa límbica que incluía también la insensatez. Pero bueno, en realidad yo también tenía que admitir que ya estaba viejo para esperar los sueños, las ilusiones, los enigmas… las intenciones de crecer con la distancia. En el mejor de los casos me hubiera podido quedar sin las desarmonías de los contactos de la gente y acostarme tarde mientras veo una serie por Netflix. Agachado, y mirando por debajo de la cama, buscando el par de mi zapato, me doy cuenta de que ya es diciembre.

Mis palabras sólo tienen tres tonos de voz: uno iracundo, uno feliz y uno inseguro.

El primer tono no tiene nada que ver con los dos que le siguen, y el tercero es el más litigante de todos – “Al menos intenta ser feliz”, me dijo un día en una pizzería llamada Rústica, por Polanco. Y una mañana de Diciembre me levanto temprano y escucho, al abrir la ventana, un sonido parecido a un gañido determinante – “Careces de empatía emocional”, me parece que dijo. Ojalá fuera tan filosófico como un ser que atraviesa la calle creyendo que escribe un poema o se está volviendo loco (que para quien lo mire significa lo mismo) – “¿Estas pendejo, no sabes en qué país vives?”, dice un hombre que golpea con sus muletas a otro afuera del metro Tacuba – “Ven a transformar mi mente, en forma de una madriza”. Escuchando en mi cabeza una sinfonía imperiosa me doy cuenta de que ya se está terminando el año.

Llevaste el sentido en una masa límbica que incluía también la insensatez – El rostro de las canciones se parecían a una tremenda tormenta de sensibilidades – En esta vida estamos hechos de polvo de estrellas, en la siguiente quizá de vibración y luz. Literalmente estamos solos en esta tierra (y morimos solos; una vida es poca vida; sin faltarle el respeto a nadie). El mundo será breve, los sueños serán breves, pero las intenciones de seguir soñando en este mundo, quizá, sean eternas. Y ya desde mucho antes nos habíamos topado con ello, más entonces no teníamos el don de aceptarlo como tal. Las instantáneas de un solo álbum nos hace pensar que pudimos haber obtenido mucho más. Algo parecido al azul de la sinfonía más delicada y dónde la música es el equivalente a hacer el amor.

De ahí que siento que lo mejor de mis pasiones vienen de una forma solitaria y oscilante – Recordar a una mujer que podía llegar a leer tanto de noche, y charlar tanto de día; y al mismo tiempo transformar tu mente como ninguna otra persona habrías creído que podía – Al menos intenta ser fel… – Y las estrellas: partículas para ser feliz.

https://soundcloud.com/mrgnome/the-way

martes, 15 de diciembre de 2015

Colaboración con ESCALETRA


























La primera de una serie en las que estaré colaborando con las FICCIONES CON SOUNDTRACK en la revista digital en PUERTO VALLARTA. Publicandose una cada lunes a través de su sección de columnas en la página. Gracias a Miguel Corrales, Aline  Aguilar  y a todo el equipo creativo en la revista. Saludos a todos.